Sifarcal-Uscal

Todos somos conscientes de la importante labor desempeñada por los Farmacéuticos Titulares como agentes de Salud Pública en el marco de lo que actualmente podemos asimilar al concepto de Atención Primaria.

Muchos compañeros, con su abnegada labor principalmente en el mundo rural, han contribuido a consolidar la imagen del farmacéutico. No sólo como responsable de la elaboración y dispensación de medicamento y remedios en su botica, sino también prestando sus conocimientos a la comunidad.

Ejerciendo como técnico al servicio de la Administración Sanitaria y Local. Procurando que los alimentos, el agua o el medio ambiente, cumplieran con los parámetros de calidad necesarios para la prevención de muchas enfermedades.

Al margen de nuestro pasado, del que podemos sentirnos orgullosos, la Constitución Española en su Título VIII, implanta la España de las Autonomías, como nuevo orden político, territorial y administrativo. Es la Ley de Sanidad de 1986 la que configura un nuevo marco sanitario que va a suponer el punto de partida de las reformas sanitarias que se van a suceder en los próximos años.

Para los Farmacéuticos Titulares las reformas que dimanan de la Ley de Sanidad, aunque no de manera explícita, van a cambiar su estatus administrativo y funcional. Eran nuevos tiempos, teníamos que estar preparados porque los vientos sanitarios soplaban en direcciones distintas que suponían la derogación de antiguos reglamentos y leyes. Surgen nuevos conceptos, otras demarcaciones sanitarias distintas a la de los Partidos Farmacéuticos. En definitiva, el sistema de trabajo que se imponía en otras profesiones sanitarias nos invitaba a reflexionar que necesariamente, diría que forzosamente, tendríamos que adaptarnos a los nuevos tiempos si queríamos preservar la figura del farmacéutico dentro del Servicio Sanitario Público.

Con la asunción paulatina de las competencias sanitarias por la Comunidad de Castilla y León y con la transferencia orgánica y funcional del personal sanitario a esta Administración Autonómica se imponía constituir y organizar nuestra propia representación como personal al servicio de la Comunidad Autónoma, legitimar nuestra interlocución en las diversas mesas de negociación y adaptarnos para ello al marco legal con la fundación de una organización sindical fuerte y comprometida con la defensa del modelo sanitario y de la condiciones de trabajo del “personal funcionario” que a su vez se acomodase a las peculiaridades de nuestra Región.

El Sindicato de Farmacéuticos de Castilla y León se funda como tal mediante acta el día 26 de Diciembre de 1989, suscrita por Fernando Carrión, Carlos Ruiz-Zorrilla y Rafael Aguilar en la ciudad de Palencia. Añadir que años antes de esta constitución formal, bajo la tutela de Fernando Gutiérrez Casas, Presidente del Sindicato Médico, ya se habían trazado las líneas maestras de lo que iban a ser las prioridades, organización y objetivos de la futura Confederación de Sindicatos Sanitarios.

Desde aquí, en las lejanas tierras pacenses, mi más sincero agradecimiento a Fernando Gutiérrez por su impulso, su visión de futuro y por su liderazgo y un abrazo a Carlos Ruiz-Zorrilla, Fernando Carrión y Paulino Pindado por su compromiso con la causa.

A principios de los años noventa, el tren de nuestro futuro sanitario y profesional se había puesto en marcha. En este viaje tendríamos que estar los farmacéuticos. La estrategia y el sentido común nos imponían el criterio de solidaridad y unidad de Acción con otros sindicatos y federaciones de médicos, veterinarios y practicantes titulares para aunar esfuerzos y experiencia, para afrontar las futuras elecciones sindicales con aspiración de convertirnos en la primera fuerza en el sector sanitario y para buscar el necesario entendimiento y coordinación con otros compañeros sanitarios que desconocían nuestra faceta como personal sanitario.

El día 7 de Abril de 1990 en la Sede del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Palencia se celebra la 1ª Asamblea Constituyente del Sindicato. Contábamos ya con ciento diez afiliados, procediéndose en la citada asamblea a la elección de la primera junta directiva de Sifarcal integrada por Rafael Aguilar como presidente, María Cristina García como vicepresidenta y Carlos Ruiz-Zorrilla como Secretario.

Igualmente se aprobó por unanimidad la asociación de nuestro sindicato a la Unión de Sanitarios Locales de Castilla y León (USLCAL) que nacía como confederación de Sindicatos de corte profesional con vocación Castellano-Leonesa y con la legítima aspiración de ser la fuerza sindical mayoritaria en el sector sanitario.

Las elecciones sindicales de 1990 así lo corroboraron y como ganadores de las elecciones, desde el primer momento nuestro esfuerzo se encaminó a conseguir los objetivos que nos habíamos propuesto; algunos ya se habían conseguidos con anterioridad, pero entre los fundamentales cabe destacar los siguientes:

1º. La consolidación de nuestro puesto de trabajo, llámese Transitoria Cuarta, tan denostada por muchos y judicializada por otros. Al final, el Tribunal Constitucional, después de largos y exasperantes años nos dio la razón.

2º. La Reestructuración de los Servicios Farmacéuticos y posterior integración de los farmacéuticos en las zonas básicas de salud y servicios territoriales.

Acometer una empresa de este calado, suscitó un gran debate en el seno de nuestro propio colectivo. Con la perspectiva que nos da el tiempo, hemos comprobado que era imprescindible acomodarnos a las nuevas estructuras funcionales. Nuestros obsoletos partidos habían perdido su justificación. La dualidad farmacia-farmacéutico titular no era el futuro con la lógica en la mano y nuestro legado a las próximas generaciones de farmacéuticos, nos imponía abordar esta empresa llena de recovecos, de intereses legítimos y de obstáculos por parte de la propia Administración que dilataba en el tiempo la ansiada reestructuración. Al final y reconociendo el perjuicio que a una parte del colectivo le suponía un cambio tan radical, se pudo completar plenamente la ansiada reestructuración.

3º. Dotar al farmacéutico de un catálogo de funciones de acuerdo con su preparación y su especificidad universitaria. Tarea aún por concluir. El viaje puede ser largo. Los farmacéuticos somos pasajeros. En él existen las estaciones.

Por último, un abrazo para Paco Alonso, fui su presidente y el fue mi presidente. Para Javier Arcos desearle lo mejor en su tarea como actual presidente y para todos los compañeros afiliados a Sifarcal, les pido encarecidamente que continúen con la labor de estos últimos veinte años, con su lealtad al sindicato y con su compromiso con la profesión.

 

Rafael Aguilar González